¿En qué consiste la Terapia?

miércoles, 22 de mayo de 2013

Soy pan, soy paz, soy más (Piero)



Vamos, decíme, contáme
Todo lo que a vos te está pasando ahora
Porque si no, cuando está tu alma sola llora
Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
Nadie quiere que adentro algo se muera
Hablar mirándose a los ojos
Sacar lo que se pueda afuera
Para que adentro nazcan cosas nuevas.

martes, 23 de abril de 2013

Terapia de Milton Erickson


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Milton Erickson: “La visión del mundo de cada persona es tan única como sus huellas dactilares. No hay dos personas parecidas. No hay dos personas que entiendan la misma frase de la misma manera… Por lo tanto, al tratar con la gente, intenta no adaptarla a tu idea de como debería ser…”
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Milton Erickson sostenía que los elementos de choque y de sorpresa eran útiles para quebrar disposiciones mentales rígidas. La sorpresa no debía ser suscitada de manera muy artificiosa… Muchas de sus técnicas perseguían mantener e incrementar el interés y la motivación del paciente: para ello lo desafiaba, estimulaba su curiosidad y apelaba al humor.

Milton Erickson:
Una mujer vino a verme y me dijo: “Peso 90 kilos. Hice dieta bajo control médico centenares de veces, con éxito. Quiero bajar a 65 kilos. Cada vez que bajo de peso hasta los 65 kilos, corro a la cocina para celebrar mi triunfo, y ahí mismo me vuelvo a echar kilos encima. Ahora peso 90 kilos. ¿Puede usted ayudarme, mediante la hipnosis, a bajar a 65? Estoy vuelta en 65 kilos, por centésima vez”.
Le dije que sí, que podía ayudarla a reducir peso mediante la hipnosis, pero que a ella no le gustaría lo que yo iba a hacer. Me contestó que quería pesar 65 kilos y que no le importaba lo que yo hiciese. Le dije que para ella sería un poco doloroso. Me contestó: “cualquier cosa que usted diga”.
“Bien”, dije yo. “Quiero que me dé su promesa más absoluta de que seguirá mis consejos al pie de la letra.”
Me lo prometió de inmediato y la puse en estado de trance. Volví a explicarle que a ella no le gustaría mi método para bajar peso. ¿Me prometía finalmente que iba a seguir mis consejos? Así lo hizo.
Entonces le dije: “Haga que presten atención tanto su mente consciente, como su mente inconsciente. Esto es lo que hará: su peso actual es de 90 kilos, yo quiero que aumente 10 kilos más; cuando llegue a pesar 100, en mi balanza, podrá empezar a bajar”
Literalmente me imploró de rodillas que la librara de cumplir su promesa. Y con cada kilo que ganaba se volvía más insistente en que le permitiera empezar a bajar de peso. Cuando llegó a pesar 95 se puso tremendamente afligida y me imploró que la librara de la promesa. Al llegar a 99 me dijo que ya era suficiente, que ya estaba cerca de los 100, pero yo no di mi brazo a torcer: tenía que pesar 100 kilos.
Cuando llegó a los 100 kilos se puso muy contenta de poder empezar a bajar. Y cuando bajó a 65 dijo: “Nunca más voy a aumentar”.
Su pauta había sido bajar de peso y después subir. Yo se la invertí: la hice subir primero y bajar después. Y ella quedó muy satisfecha con el resultado y mantuvo ese peso. No quería padecer nunca más esa horrible agonía de aumentar 10 kilos.

sábado, 13 de abril de 2013

Paul Watzlawick el arte de amargarse la vida


Recomiendo este libro a todos los que estén interesados en el ser humano, en lo impredecible de su conducta, de sus bondades y maldades, inteligencia y aberraciones, lógica y pasiones y especialmente en las paradojas de la vida.
Usted puede llevar una vida con bondades y desdichas, que se reparten de forma aleatoria y más o menos equitativa. Pero el llevar una vida verdaderamente, profundamente amargada, es un arte especial, que usted depura,  refina, cultiva y va desarrollando.
Por ejemplo, si usted se considera normal, pensará que la mayor o menor espera en la cola de un cine, de un aeropuerto o de un supermercado, se reparte de forma más o menos aleatoria; que, cuando va corriendo detrás de un autobús, unas veces logra cogerlo y otras veces no; y que en la vida unas veces se sale usted con la suya y otras no de forma más o menos equivalente.
Ahora bien, si usted piensa que, al pagar la cuenta de un supermercado, se coloca en la fila de la cajera más incompetente o que en el control de policía en un aeropuerto le toca siempre la fila más larga y que, cuando va a coger un autobús, casi siempre se le cierran las puertas ante sus narices y que estas cosas sólo le pasan a usted, entonces usted es un EXCELENTE CLIENTE Y LECTOR de este libro: si realmente usted pretende llevar una vida  amargada, este libro le ayudará a lograrlo, de tal forma que al final  conseguirá depurar y perfeccionar ese arte que sólo pertenece a algunas personas tan superespeciales como usted y que es el ARTE DE AMARGARSE LA VIDA.
Algunos ejemplos:
*    La sublimación del pasado: pensar que todo lo que había antes era mucho mejor que lo que hay ahora, con lo cual usted logra vivir desdichado.
*    "Lo mal que anda este mundo" y que sólo usted puede arreglar.
*    Ser especialmente superprecavido ante cualquier problema, lo cual le garantizará a usted la permanencia de ese problema a lo largo de toda su vida.
*    El autocumplimiento de las profecías. La profecía de un suceso genera el suceso de la profecía. Hable, hable mal de alguien o difunda un bulo que, si hay suficiente gente que lo repita, ese bulo o ficción se transformará en una realidad.
En definitiva, una de las conclusiones a las que llega el autor es que, ante determinados problemas terribles, podemos pensar tranquilamente que la situación es desesperada pero no seria. Estas consideraciones no son muy lejanas a las que yo recibí en mi antigua educación jesuita de un cura inolvidable y sabio que solía decirnos: "Hijos míos, cuando sintáis que las desdichas y los desasosiegos son tantos que os abruman, coged parte de ellos y ofrecédselos al señor."
Libro para leerlo varias veces, meditarlo y guardar.
Fuente: http://www.expansion.com/blogs/itaca/2012/11/30/paul-watzlawick-el-arte-de-amargarse-la.html

jueves, 14 de marzo de 2013

Los monos y la escalera



Un día, un grupo de científicos metió cinco monos en una habitación donde había un racimo de bananas y la única forma de alcanzarlas era mediante una escalera. El experimento se diseñó de tal forma que cuando uno de los monos subía la escalera para alcanzar una banana, automáticamente el resto de los monos eran bañados con agua helada.


Los monos aprendieron rápido. Para cuando el tercer mono quiso subir la escalera, los otros lo agarraban a patadas antes de que subiera para evitar el castigo del agua. Muy pronto, ninguno se dejó llevar por la tentación de subir y dejaron la escalera en paz.


Pero entonces los científicos cambiaron uno de los monos por otro nuevo, que, obviamente, no sabia nada del agua. Como buen mono, lo primero que hizo fue intentar tomar una banana, pero de inmediato recibió una buena paliza. Los científicos fueron cambiando a los monos hasta reemplazar a todos los originales, y, sin embargo, los nuevos monos seguían sin atreverse a subir la escalera y le pegaban al que se acercara a ella, a pesar de que ninguno de los cinco monos había sido jamás bañado con agua fría.


MORALEJA 

Estoy seguro de que este experimento daría los mismos resultados con seres humanos.Hacemos muchas cosas sin saber por qué, simplemente se han hecho así, porque "las cosas son así". Como seres sociales que somos, compartimos una visión del mundo más allá de nuestra mentalidad particular. De nuestros antepasados heredamos prejuicios, sistemas y tradiciones; imitamos casi siempre sin cuestionar su razón. Aquí es cuando dos cabezas no siempre piensan mejor que una, no mientras las dos piensan lo mismo o ni siquiera piensan. 

martes, 12 de marzo de 2013

Maravillarse por las cosas

Hemos olvidado lo maravillosas que son las cosas, volvamos a vivir el presente, a ser niños otra vez.

Cuándo nos maravillamos por lo que vemos la mente se relaja, se oxigena y se expande; cómo cuando admiramos una obra de arte o estamos de vacaciones.

De niños lo hacíamos cada día, solo hay que recordar.

Aquí os dejo un vídeo en el que una niña ve llegar un tren:

VER VÍDEO

Frase

Un amigo, una persona que sea verdaderamente comprensiva, que se tome la molestia de escucharnos y considerar nuestros problemas, puede cambiar nuestra vision del mundo. (E. Mayo)